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martes, 18 de marzo de 2025
Entrevista a Jeconias Mocumbe, autor de "Os dedos da agonia" (LP5 Editora, 2024). Libro ganador del Primer Prêmio Internacional de Poesía Lusófona Floriano Martins 2024.
Entrevista a Jeconias Mocumbe, autor de "Os dedos da agonia" (LP5 Editora, 2024). Libro ganador del Primer Prêmio Internacional de Poesía Lusófona Floriano Martins 2024.
Por Gladys Mendía.
Hace unas semanas le hice esta entrevista a Jeconias Mocumbe, escritor, editor y gestor cultural de Mozambique. Ganador del I Premio Internacional de Poesía Lusófona Floriano Martins 2024 con el libro “Os dedos da agonia”.
GM. Tu poesía en Os dedos da agonia está profundamente arraigada en las experiencias de la guerra y el conflicto en la provincia de Cabo Delgado. ¿Cómo influyeron tu vivencia personal y el contexto histórico de Mozambique en la creación de este libro?
JM: No puedo decir que estuve en un enfrentamiento directo, sin embargo, perdí a muchas personas conocidas, ex compañeros de la escuela primaria, secundaria y de formación profesional, quienes tuvieron la desgracia de ser designados para enfrentar los conflictos de Cabo Delgado, algunos de ellos familiares. Además, mi profesión de policía me obliga a tener un contacto directo con las situaciones que ocurrieron y ocurren en Cabo Delgado, a través de información e imágenes compartidas por algunos colegas que están en el terreno. Somos un país y, de cierta forma, cada situación que afecta a la nación no nos deja indemnes, si partimos de la idea de lo que se concibe como nación. Tal vez esos contactos permanentes, directos o no, resuenen más en mi mente de tal manera que mi poesía se construye entre esos muros de destrucción, guerra, desilusión, incomodidad, muerte, intimidación y deshumanización. Lo más triste es que quienes sufren los efectos de esta guerra son personas que no tuvieron la oportunidad de elegir. Es decir, las personas son condenadas a la muerte sin su consentimiento.
GM. En tus versos, las armas son personificadas como divinidades y juguetes de cuna, creando una dolorosa yuxtaposición entre la infancia y la violencia. ¿Qué te llevó a construir estas imágenes tan viscerales? ¿Cómo concibes la relación entre inocencia y destrucción en tu poesía?
JM: El contexto histórico de África está establecido en un ambiente de caos. Las armas parecen ser vistas como la solución para todo aquí, ya sea en diferencias ideológicas, políticas, sociales o religiosas, siempre se movilizan armas. Quien tiene más poder bélico se convierte en el “señor de los señores”. El arma gana ese espacio divino y, en justa posición, la exposición de los niños a estos bárbaros acontecimientos los aproxima a estos instrumentos bélicos, y en lugar de temerlas, consideran las armas como esenciales para sus vidas, de tal manera que no tiene sentido que se resientan ante una. Esta exposición contribuye al recrudecimiento de la criminalidad, sobre todo en algunos rincones del país, donde menores se ven envueltos en estos actos bárbaros.
GM. La estructura de tus poemas parece rechazar una forma rígida, lo que podría interpretarse como un reflejo del caos que describes. ¿Cómo decides la forma y la estructura de tus poemas? ¿Cuál es el papel que la libertad formal y la fluidez desempeñan en tu proceso creativo?
JM: Cuando escribo, la forma no define el sentimiento, sino que es el sentimiento el que define la forma. Sin embargo, concibo la poesía como un lugar de infinitas posibilidades y sensibilidades. Para mí, la utilidad de un poema no se restringe a la estructura. Eso no significa que no deba seguirse una estructura, pero es necesario saber qué se escribe para después reinventarlo.
GM. En el texto que escribí como epílogo comento que Os dedos da agonia da visibilidad a las tragedias de la guerra desde una perspectiva poética y política. ¿Cómo ves el papel de la poesía en la denuncia de las injusticias sociales y políticas? ¿Crees que la literatura tiene el poder de cambiar realidades o al menos de crear conciencia sobre ellas?
JM: La poesía, de alguna manera, es el aliento de los hombres. La poesía devuelve la esperanza rota o destruida. Cuando se concibe la poesía como esa idea de repensar las situaciones, creo que puede transformar las vivencias sociales. Puede hacernos conscientes del bien y del mal.
GM. A lo largo de la obra utilizas un lenguaje crudo y, muchas veces, desprovisto de pausas formales, lo que podría simbolizar la falta de respiro en medio del conflicto. ¿Cómo equilibras esta dureza con la belleza estética que también caracteriza tus imágenes?
JM: La incertidumbre conduce mi escritura, y el equilibrio sólo se alcanza mediante una reescritura constante. La tijera siempre ha sido fundamental para cualquier autor o poeta. Soy tan duro conmigo mismo que considero mi texto tan imperfecto que sólo sale después de, al menos, cinco intentos de reescribirlo.
GM. En Os dedos da agonia la naturaleza aparece como un testigo silencioso de la guerra, y muchas veces los elementos naturales como el río o el cielo se tiñen de violencia y muerte. ¿Cuál es el lugar de la naturaleza en tu obra y cómo se relaciona con la condición humana en medio del conflicto?
JM: Creo que estas imágenes tienen que ver con la zona costera en la que me encuentro, rodeado de aguas azules, ya sea del río o del océano Índico, reflejando ese sabor del cielo que nos llega fétido por el azufre de las armas. No sólo Cabo Delgado tiene esto en demasía, es un lugar de hermosas playas que es imposible despreciar, aunque el cielo esté agujereado por balas.
GM. En el contexto de Mozambique y de otros países africanos, la producción cultural fue silenciada durante siglos por el colonialismo y la violencia. ¿Cómo ves tu trabajo como poeta en términos de contribuir a una mayor visibilidad de la literatura africana, en particular la de lengua portuguesa, en el escenario global?
JM: Es un desafío. Sin embargo, hoy en día internet ha jugado mucho a nuestro favor. Ahora tenemos escritores que construyen de manera sólida su reconocimiento sin depender de formas tradicionales. Por otro lado, los concursos literarios han sido de gran ayuda para nosotros, ya que a través de ellos, especialmente los internacionales, podemos competir de igual a igual con algunas voces que no sufrieron la segregación racial. No creo que debamos estar tranquilos, hay mucho por hacer por nuestra literatura, especialmente en los países africanos de habla portuguesa.
GM. Como gestor cultural y cofundador del “Proyecto Tindzila”, ¿cómo combinas tu trabajo en la promoción de la cultura con la creación poética? ¿Crees que hay una interrelación entre estas dos facetas de tu vida?
JM: Ha sido una buena experiencia, ya que la interacción con los demás me ha permitido conocer otras realidades y fortalecer mi comprensión de las cosas. Vale la pena porque, gracias a esto, pude conocer a nuevas personas, entre ellas personas que admiro y que fueron fundamentales para mi desarrollo como poeta.
GM. La voz poética de Os dedos da agonia se caracteriza por una profunda reflexión sobre la muerte, no solo como fin, sino también como origen, como se anuncia en el primer verso: “el comienzo de todo es la muerte”. ¿Podrías profundizar en esta idea y cómo influye en tu cosmovisión como poeta?
JM: La idea de la destrucción siempre surge en los humanos como un lugar de reencuentro. Si observamos en la naturaleza o lo que se dice en física o química, que la materia no se destruye, se transforma. No toda muerte puede significar el fin. Recuerdo a un profesor mío, si no me falla la memoria, su apellido era Bunguele, de una clase de Medio Ambiente, y decía: “No hay ceremonia sin sangre”. Esto traduce nuestra concepción tradicional según la cual, en la ceremonia de purificación contra cualquier mal o exorcismo, siempre hay un animal que se sacrifica, y esa sangre simboliza el sacrificio para liberarnos de los males que nos atormentan.
GM. Finalmente, ¿qué mensaje o reflexión te gustaría que los lectores llevaran consigo después de leer Os dedos da agonia? ¿Cuál es el papel que crees que la poesía debe cumplir en estos tiempos de crisis y guerra?
JM: El único mensaje que quiero dejar es el siguiente: más libros y menos armas. Ningún otro papel debe cumplir la poesía, sino difundir el amor al prójimo.
GM. Muchísimas gracias querido Jeconias por tu poética, por tu gran trabajo en la difusión cultural y espero seguir teniendo noticias de tu camino creativo al que le auguro larga vida.
*Traducción al español por Gladys Mendía.
Ensayo sobre el libro de cuentos "Hay exorcismos en Njofane" (LP5 Editora, 2025) de Vitorino Ubisse Oliveira
Ensayo sobre el libro de cuentos "Hay exorcismos en Njofane" de Vitorino Ubisse Oliveira.
Por Adelino Timóteo.
A mediados de 2022 visité I’bane. Me reencontré espontáneamente con Vitorino Ubisse Oliveira, ese beirense al que no veía desde 2014. Nos conocimos en 1986, cuando éramos estudiantes en la Samora Machel, en la misma ciudad. En esas circunstancias, supe que él era cuñado del señor Benhane, antiguo colega de mi madre en Pescom. Esto nos acercó aún más. Por las tardes, repasábamos juntos las materias y disfrutábamos de algún entretenimiento en Macurungo, donde él vivía, en la casa del buen señor Benhane.
Pasados algunos años de convivencia intensa, de idas al cine, cada uno siguió su vida. En el reencuentro en I’bane, Vitorino Ubisse Oliveira me reveló una sorpresa: estaba dedicado al oficio de escribir. No me sorprendí, pues como estudiante era un buen lector y tenía buen rendimiento en la asignatura de lengua portuguesa, impulsado por el hecho de que nuestros profesores comunes, Lázaro Armando Manuel (LAMA), Fanuel Juliasse, Elias António, Noé Machado y Sidumo, algunos de ellos grandes promotores de la lectura y de los recitales en la Casa de la Cultura de Beira, donde llegamos a asistir.
Sin embargo, Ubisse me envió una colección de cuentos pidiéndome que la prologara. El libro se abre con el cuento “Cólera”, seguido por “El triste destino de Sagugu”, “Nuna wa Sumbi”, “Magurudje”, “Lazo fatal”, “El cuartel de Gumbisse”, “Pastor Madoce”, y concluye con una narrativa que da título a la obra: “Hay exorcismos em Njofane”.
Leí la colección con vivo interés, muchas veces con una sonrisa en los labios, pues en ella predomina la Beira, territorio de su imaginario, como se desprende de sus premisas, donde el cólera se entrelaza con la tierra, cuestiones de salud pública radicadas en los antípodas, minimizadas, pero donde los profesores y funcionarios públicos no son inmunes, explorando la parte de los muzimus con los nhamessoros de Mambone.
La herramienta de este libro de Ubisse es el corazón de la memoria. Veamos, por ejemplo, la fuerte denuncia social presente en el primer cuento: “¡Eso ya fue ciudad!... El majestuoso ‘Gran Hotel’ es ahora el centro de convergencia de la porquería”. La misma denuncia incide en el “modus vivendi” actual, caracterizado por la emergencia de casas de culto por doquier, hasta el extremo de que los pastores de oración compiten por fieles, y alguno se ve tristemente solitario y obligado a cerrar la iglesia.
Esta obra también llama la atención por el deleite que el narrador hace con incidencia en Inhamudima, Chipangara, Muchatazina, Munhava, Xhimunanga – en Praia Nova, Mar Azul, BPD de Inhamudima, Palmeiras, Mercado do Goto, el Mercado Alfeu, escenario del contrabando alimentado por la tropa zimbabuense, que conoció una fase dorada de 1983 a 1990, en un mapeo que cruza varios lugares comunes y también personajes tipo y especímenes. En este libro, me reencuentro con el pastor Benhane, supuestamente inspirado en el nombre del cuñado, Mundhundhu, el Padre Amadeu, María Catanada, Pita Mathusse, un colega común de la Samora Machel."— La noche va cayendo, el movimiento aumenta. Los pies ya están en el suelo fangoso y Munhindo decidió despojarse de la solemnidad que lo caracteriza y ya es uno de los jefes de la fiesta que está muy animada. Va pagando sus cuentas, pero no quita los ojos de donde María Catanada y su grupo se encuentran".
Vitorino recrea el nombre de uno de los barrios emblemáticos y pintorescos de la ciudad de Beira: “Pita Mathusse vivía en un cuarto alquilado de un tren de seis apartamentos en el barrio suburbano de Inhamudima y trabajaba en la panadería del señor Thandavata en Muchatazina (Se cuenta que el nombre Muchatazina, que en ndau, lengua local, significa nombre feo, deriva de la dificultad de la población para pronunciar el nombre del único comerciante portugués de la zona, el señor Martins. En el intento de pronunciar Martins acababan diciendo ‘matindje’, término peyorativo y ofensivo para las mujeres en esa lengua), como se atestigua en el cuento ‘Cólera’”.
Si el libro evoca olores fétidos, encuentra su equilibrio con sabores a tierra, dada la proliferación, aquí y allá, de la gastronomía, con la que pretende inmortalizar los lugares de memoria: badjias, nipa, matocosse, Bombarril, bombwe. En el recorrido de revisión a Beira también está el lenguaje típico, que permite deducir que Ubisse, a pesar de escribir en tercera persona, nos disimula en una casi autobiografía, porque la Inhamudima a la que se refiere es también un espacio de su infancia, donde la comunicación se desarrolla notoriamente con el recurso al bilingüismo, ndau y txissua.
En esta colección de cuentos, el narrador explora otros horizontes, en un auténtico viaje por el país, vegetando y vagando errantemente, al sabor del txutxumelane, por Xibalo, en la Aldeia de Gumbisse, en Inhassoro, transformándose de la noche a la mañana en un campo militar, donde en un clima pacífico se convive y luego se cometen tropelías, como el militar que maltrata al hijo de una eminencia, como en el episodio siguiente que deriva en una tragedia. El narrador también cruza el Barrio Militar, en Maputo, describiendo la recurrente historia de amores contrariados, de Zezito y la hermosa y esbelta Belinha. ¿Será que se van a casar, como desean? Compete al lector desentrañar cómo el Barrio Militar lo resolverá.
En uno de los cuentos más emblemáticos de este libro llegamos a Chalambe, a Mafalala del barrio más populoso de la “tierra de buena gente”, una especie de “distrito rojo” para los colonos. Es impresionante el entendimiento que el Pastor Madoce alcanza con las vendedoras de malcuado, así como la influencia positiva que ejerce sobre los zurumbáticos que reúne, hasta que termina en adulterio. Chalambe es parte de un microcosmos con realidades que se diseminan por todo el país, la proliferación de iglesias y la tiranía de los diezmos, como mencioné antes en el cuento “Cólera”, y que se repite en el diezmo, práctica igualmente reflejada en “Hay exorcismos en Njofane”, que cierra este viaje errante con idas y venidas por Beira.
Tratándose de un libro inicial, el narrador se preocupó por mapear los lugares de memoria, pudiendo asumirse que estamos ante un potencial contador de historias, con calidad razonable, pero que indica la estructura para ir afirmándose como un escritor de mérito en los próximos desafíos.
Aprovecho esta oportunidad para felicitarlo.
Adelino Timóteo.
Ensayo sobre la novela "El alma blanca" (LP5 Editora, 2025) de Arthur Fokou
jueves, 4 de abril de 2024
Ensayo sobre el poemario "Fuego lento" (LP5 Editora, 2022) de Alain Atouba
“¿Existe algo más inconstante que el amor?”, se pregunta el poeta Alain Atouba y la sola pregunta permanece y reverbera. Son las preguntas hondas que estructuran la poesía. Preguntas que no exigen respuesta, sino que conllevan en sí mismas, el gran interrogante de la vida. La poesía misma es pregunta. Umbral de palabras a través del cual vislumbramos otro lado sin dejar de pisar nuestra existencia más terrena. Ahora bien, cuando la poesía corre el velo y presenta la pregunta y además esa pregunta trata sobre el amor, nos encontramos en una encrucijada de la que seguramente no podremos esquivar el certero golpe (estético, claro) de la belleza.
A lo largo de cincuenta poemas, generalmente breves, Alain Atouba, presenta al lector un itinerario dichoso/doloroso del amor. Estamos frente a uno de los grandes temas de la poesía como lo son también la muerte o el viaje. Lejos de caer en lugares comunes, el poeta nos lleva por una historia de amor donde lo íntimo se vuelve universal. El estilo de Alain Atouba es un estilo sencillo, se aparta de los barroquismos y del estilo empalagoso que suele aparecer en las temáticas de eros. Por el contrario, Fuego lento, posee la sencillez de un río de aguas profundas. Perceptible y llano en su manifestación externa, pero hondo y profundo cuando comenzamos a masticar las palabras con mayor detenimiento. La palabra poética fluye como un río como bien lo expresa el poema 15:
Yo vengo de la tierra del amor, África,
donde todo es colores de fiesta,
donde todo es belleza y paz.
Yo soy hijo de la otra orilla, África,
cuya onda refleja tu cara
en las paredes de la serenidad.
Yo vengo de la otra noche, África,
donde brillan las estrellas sin fin,
donde la vida fluye como un río;
Amiga, ven a bañarte conmigo
en las aguas de la tierra del amor, África.
Este fluir de la palabra tiene además características distintivas como el paisaje africano y la situación diaspórica. En ninguno de los casos, Alain Atouba cae en la trampa del exotismo o de lo panfletario. África surge, cuando tiene que surgir, de manera entrañable y con fuerza y dichosamente el texto se aparta de los típicos exotismos al estilo romántico. “La otra orilla”, presenta de manera sutil la complejidad de la diáspora africana. Fuego lento, en su materialización poética, es de algún modo, umbral entre esas dos orillas. En definitiva, la poesía es siempre umbral: umbral entre el lector y el escritor; entre este mundo y un mundo otro; entre una interioridad que escribe y otra interioridad que lee; entre el silencio y la palabra; etc.
Con el hombre que viaja, migra, se exila, viaja también la palabra. Esa palabra en situación de diáspora es la que se va apropiando de paisajes y experiencias. Palabra descarnada, palabra silenciada, porque los silencios también gritan su lugar en el poema. Palabra, de tal modo arraigada a la realidad, que la palabra poética puede pasar de un idioma a otro. Fluye. Porque lo que fluye en el río del lenguaje, va mucho más allá de los signos o códigos lingüísticos a descifrar. Hablo de la poesía como agua, agua vital y primordial que tiene que ver con nuestra común sed de infinito.
“…melancolía de un edén perdido” dice el poema 25. La palabra “melancolía” se utiliza también en el poema 46 donde aparece el sintagma nominal del libro: “…se ha instalado la melancolía/ a fuego lento…”. Esta melancolía que los poetas utilizamos a nuestro gusto (porque la melancolía es una patología severa en medicina) es la melancolía heredada de la nostalgia, de la pérdida. Aquella que nos conecta con lo mejor del movimiento romántico decimonónico. La sed, aparece ante la carencia. Entonces, el amor perdido, el amor muerto o no correspondido, deja a los amantes en plena intemperie. Es en la intemperie donde la palabra poética hunde sus raíces. Todo paraíso, todo edén, siempre, es perdido. Por eso, la poesía completa esa fisura, sella la hendidura que existe entre una orilla y otra. Y si bien es sencilla la expresión poética de la sed (quiero decir que está alejada de los excesos de cierto barroquismo), no por eso deja de ser lírica y potente como lo expresan por ejemplo estos tres versos:
Por mi piel flota el perfume
sabor a flor y a barro
que dejaron tus besos.
La lectura de Fuego lento nos introduce en la travesía de los amantes. Travesía que concluye con la pérdida del amor y un estado de intemperie en búsqueda continua:
Corazón mío,
ahógate sin miedo
ahógate en silencio.
El sueño de la felicidad
se ha hundido en un abismo.
Corazón mío,
ahógate sin suplicar
ahógate sin bajar
tu frente altiva;
bien sabes que
amores nuevos
olvidan a viejos.
De algún modo, para decirlo “machadianamente”: se hace camino al andar, o si se quiere, se hace camino al amar. Porque en definitiva lo importante son los momentos vividos:
Oh, mi amor
ha llegado la hora de la despedida
sé que mi ausencia abrirá en ti una herida
pero he de irme:
alégrate por los años
de amor que compartimos…
La pérdida del amor no solo hace aparecer la sed (la sed metafísica) sino que pone de manifiesto la muerte, que tarde o temprano acontecerá:
Oh, mi amor
he aquí la muerte acercándose,
arrogante y despiadada;
está amenazando con su guadaña
para quitarme a tu ternura;
ya oscurece el camino,
la noche que desciende del cielo
pronto va a cubrirme
con su pesada capa de silencio y de plomo…
Entonces, este adelanto de la finitud, este acecho constante de la muerte puede ser también clave del título. Fuego lento, pudiera ser también, ese cuerpo que incuba lentamente y sin pausa el destino común de todo ser humano. Toda travesía tiene un punto de llegada. Elegir la poesía como barca, como modo de transitar el laberinto de los amantes, es un verdadero acierto que Alain Atouba logra con hondura y precisión.
Leandro Calle
Córdoba (Argentina) enero de 2022.







