Arthur Freddy Fokou Ngouo es Doctor/PhD en Literatura Hispanoamericana y Literatura Comparada por la Universidad de Yaundé I, Camerún. Traductor trilingüe de formación (francés, inglés y español), es miembro de varios grupos de investigación y ha publicado una quincena de trabajos científicos sobre feminismos, ecofeminismo, hibridación cultural, literaturas postcoloniales y afrodiaspóricas, así como identidades y fronteras. El último es Los Territorios del Cuerpo: Confabulan Ecologismo y Feminismo para un Futuro Posthumanista aparecido en 2025. Desde 2020, es profesor asociado de Literaturas y Civilizaciones Hispanoamericanas en el Departamento de Lenguas, Literaturas y Civilizaciones Ibéricas, Iberoamericanas e Italianas (LLCIII) de la Universidad de Yaundé I. En 2024, fue becario de la prestigiosa beca de la AECID en la Universidad Complutense de Madrid, donde se especializó en ecofeminismo y ecocrítica.
Cuerpo-uno Espiritual, “Ética de la Ecosostenibilidad” y Posthumanismo
Arthur Freddy FOKOU-NGOUO
Becario del MAEC-AECID
Universidad de Yaundé I
Universidad Complutense de Madrid
arthur.freddy@yahoo.fr
https://orcid.org/0000-0001-7654-4870
La vigente crisis ambiental obliga a repensar la relación que el ser humano mantiene con la Tierra y con los demás componentes del sistema vital. El Antropoceno, concepto que designa la época marcada por una inédita capacidad humana de metamorfosis de los equilibrios planetarios, hace visible la necesidad de revisar el lugar que el ser humano ocupa en la Naturaleza. Desde la ecocrítica y, en especial, desde el ecofeminismo, esta revisión permite cuestionar la separación entre cuerpo humano y cuerpo natural y recuperar la idea de un “cuerpo-uno espiritual”, entendido como el reconocimiento de su esencial ecodependencia. Sobre esta concepción se articula la “ética de la ecosostenibilidad” que propongo aquí, una deontología que teoriza la comunión entre las sabidurías ancestrales y las ciencias contemporáneas, y que está orientada hacia una relación menos jerárquica entre humano y no-humano.
Desarrollar una “ética de la ecosostenibilidad” que integre ingredientes híbridos animistas y estrategias contemporáneas para afrontar la vigente crisis ambiental es posible desde el ecofeminismo y urgente. Arraigada en una vital interconexión entre cuerpo humano y cuerpo natural y articulada con técnicas actuales, esta ética procura ofrecer principios y prácticas que pueden guiar la transición hacia un futuro ecosostenible y menos hiperantropocéntrico. Las enseñanzas espirituales de diversas creencias ancestrales latinoamericanas, africanas y asiáticas, muchas de las cuales han tejido durante siglos una relación armoniosa y respetuosa con el cuerpo natural, son fuentes de inspiración pragmáticas.
En América Latina, el caso de la Pachamama, venerada por los pueblos quechuas y aimaras y símbolo de la “Madre Tierra”, es una muestra. Gladys Parentelli (1996: 29-38), la teóloga venezolana de la liberación, la describe como una divinidad femenina viva que nutre, protege y sostiene la existencia de todos los seres animados y no animados, estableciendo una relación de reciprocidad desjerarquizada con los humanos. En África, la ética de Ubuntu es un ejemplo práctico. Christian Gade la define señalando dos visiones: Ubuntu es una ética moral individual y un sistema o filosofía africano que interconecta a humanos y no humanos bajo el lema de umuntu ngumuntu ngabantu, literalmente a person is a person through other persons (Gade, 2013). Se considera una ética vital de ecodependencia natural basada en principios de comunidad y reciprocidad. En las tradiciones filosóficas y religiosas asiáticas, el cuerpo natural es núcleo de expresión de la armonía cósmica. El hinduismo, el budismo, el taoísmo, el sintoísmo, etc. proponen distintos caminos espirituales donde la conexión entre cuerpo humano y cuerpo ambiental está mediada por la idea de equilibrio o sostenibilidad y energía vital. Es el caso de Aranyani digno de mención. Shiva (1988: 53) celebra la conexión que se hila entre seres humano y no humano por una parte y, por otra parte, entre cuerpo femenino, cuerpo natural y desarrollo sostenible cuando sentencia que los “bosques […] han sido adorados como Aranyani, la Diosa del Bosque, la fuente principal de vida y fertilidad, y el bosque como comunidad se ha visto como un modelo de evolución social civilizador”. Rechaza ferozmente “la economía de mercado” que “separa la naturaleza de las personas y la ecología de la economía” (Shiva, 2006: 24). Su ética sugiere “la necesidad de una nueva cosmología [...] que reconozca que la vida en la naturaleza (que incluye a los seres humanos) se mantiene mediante la cooperación, el cuidado y el amor mutuos” (Mies y Shiva, 1993: 5-6).
En tal sistema, la vida se organiza desde un enfoque que reconozca previamente los componentes del cuerpo natural antes de solidarizarlos, acorde con una disposición espiritual que cultive la ecosostenibilidad y abogue por el fin del tecnocapitalismo patriarcal y el consumismo desmesurado. Esta ruptura entre naturaleza y cultura, entre cuerpo humano y cuerpo natural, es precisamente cuestionada por Bruno Latour en Nunca fuimos modernos (1991), donde la alegada fragmentación moderna entre ambos dominios queda desestabilizada por la existencia de híbridos “naturaleza-cultura”. Lo humano y lo no humano no serían, así, dos realidades absolutamente independientes, sino componentes de una misma red vital ecodependiente.
Puede que reconocer una personalidad jurídica al cuerpo natural sea una vía saludable para desarticular la lógica de apropiación. No se trata de entrar en un mundo ecocéntrico en el sentido de Arne Naess y la Deep Ecology, sino cultivar un antropocentrismo consciente y equilibrado. De este modo, se evitaría caer en las trampas de las “reformas no reformistas” a que se refiere Andre Gorz (Puleo, 2011: 291), aquéllas que se caracterizan por un radicalismo excesivo, no escalonado e irrealista, y que terminan en su propia autoanulación por falta de puente mediador entre la sociedad que se denuncia y la que se quiere construir. En tales condiciones, este último se convertiría en “sujeto de derechos” como es el caso en países como Ecuador, Bolivia, México, Colombia, o Nueva Zelandia.
Apoyar mecanismos basados en fuentes híbridas, sabiduría ancestral y conocimiento tecnocientífico sería también otra vía de avance sana. Esta visión hermana la tesis del cyborg de Donna Haraway (1995), un mezclado de organicidad y tecnología o “un híbrido de organismo vivo y máquina.” (Puleo, 2011: 240) El cyborg sugiere la idea de que el ecofeminismo debe ir más allá del complejo tecnocientífico y restar la creencia ilusoria en un cuerpo natural verde en extremo. Muchas comunidades antiguas surglobalistas han desarrollado prácticas reproducibles durante miles de años. La sostenibilidad era la brújula de sus acciones para el mantenimiento de un equilibrio ambiental.
La teoría del cuerpo-territorio, desarrollada particularmente por los feminismos comunitarios indígenas de Abya Yala y, de modo significativo, por Lorena Cabnal (2010), permite profundizar en estos procesos equilibristas. Como afirma Geneviève Fabry (2024: 57), “las luchas por el cuerpo-territorio abarcan un abanico muy amplio de preocupaciones por los derechos sociales y medioambientales basados en la recuperación del control de estos territorios”. El cuerpo femenino y el cuerpo natural se convierten así en territorios de poder y en espacios desde los cuales pueden elaborarse prácticas de resistencia y reapropiación.
Educar y constituir en cada niño y niña una personalidad ambiental híbrida descansada en una ética de la ecosostenibilidad sería un mecanismo poderoso de apertura a un futuro posthumanista. Esta educación podría ser teórica y práctica, fomentando actividades como la reforestación, la limpieza de ríos, la participación en rituales que honren el cuerpo natural, y prácticas agrícolas ecosostenibles y posthumanistas. Es el caso de la agroforestería, que combina árboles con cultivos y ganado, el cultivo en terrazas andinas, utilizado durante milenios por los incas, o los principios de la permacultura que son formas efectivas de restaurar suelos degradados y aumentar la biodiversidad, adaptarse a terrenos difíciles mientras se previene la erosión, y diseñar sistemas agrícolas que imitan los patrones naturales cíclicos. La inteligencia ecológica sería también oportuna, cultivando desde la infancia una ética del consumo que deje de considerar lo no humano como mero objeto de depredación. Esta desarticulación de la separación entre los cuerpos tiene también una genealogía ecofeminista. En The Death of Nature: Women, Ecology, and the Scientific Revolution (1980), Carolyn Merchant se alza contra el discurso mecanicista que había separado lo que denomino “cuerpo-uno espiritual” en dos cuerpos –humano y natural–, y llama a la desestabilización del racionalismo dualista de pensadores como Bacon o Descartes en los contactos que se mantienen entre ambos cuerpos oprimidos.
Estos valores constituyen un enfoque otro de aproximación al medioambiente. Al interconectar ancestralidad y contemporaneidad es posible construir un futuro posthumanista donde el “cuerpo humano” y el “cuerpo natural” re-comulguen en “cuerpo-uno espiritual”, sin caer en la trampa verde de un giro excesivo ecológico que sería utópico. Cuando se realice esta re-comunión de las dos caras del mismo cuerpo mediante esta experiencia híbrida y todo cuanto integre, se dará vida a cuanto denomino “ética de la ecosostenibilidad”. Esta última es un proyecto vital que incorpore una ética del cuidar desgenerizada, reevaluando los síntomas de la vigente crisis y recalibrando las mentalidades que tornaron las corporalidades femenino y natural recursos explotables.
Liberar al cuerpo de la mujer liberaría también a la Naturaleza, de modo distinto, pues ambos cuerpos compartían los mismos códigos opresivos del tecnocapitalismo. La desgracia de la mujer en sentido beauvoiriano es “haber estado biológicamente condenada a repetir la Vida, cuando a sus ojos la Vida no lleva en sí sus razones de ser, y estas razones son más importantes que la vida misma” (Puleo, 2011: 163). El decidir libremente de la mujer debe de ser soberano y absoluto, pues, en palabras de Puleo (2011: 148), se trata de “liberar la libertad”, liberando a la vez al cuerpo natural de su reducción a materia disponible.
La ética ecosostenible rechaza un hiperantropocentrismo y un hiperbiocentrismo. El cambio de mirada hacia el cuerpo natural afectará también al cuerpo femenino, ambos inscritos bajo la misma infraestructura de dominación del tecnocapitalismo, y permitirá que se salga de lo que Amorós, rechazando la ética del cuidar y la responsabilidad de Carol Gilligan, denomina “voluntarismo valorativo” y “reduccionismo eticista” (Puleo, 2011: 64). La ética de la ecosostenibilidad no sería sino un arma que disparara híbridas balas mortales contra todo intento de jerarquía, sea cual fuere y esté donde esté, y abraza una sociedad donde impera el posthumanismo ético. Carolina Núñez-Puente (2024: 122), en su trabajo sobre Shiva, a quien galardona como pionera del posthumanismo ético, define este enfoque en oposición a la categoría del “humanismo”, cuya raigambre aboga por un punto “hiperaxial” del componente “humano” con respecto a los demás componentes que estructuran el sistema vital, incluido el cuerpo natural.
Así, esta ética filosófica se hila sobre los postulados espirituales llamados “primitivos” antes, que hoy se reconocen como diálogos con la Naturaleza, pues funda su identidad en la desarticulación de la doctrina hiperantropocéntrica para entrar en un espíritu de cohabitación con los otros componentes del ecosistema. Stacy Alaimo (2010: 2) habla de “transcorporalidad”, pues “la sustancia de lo humano es en última instancia inseparable del ‘medio ambiente’”. Se despeja así una interconexión firme entre lo humano y lo no humano, un espacio donde el convivir se negocia y permanece vivo hilándose acorde con una híbrida mirada del cyborg. En consonancia con lo anterior, Rosi Braidotti (2019) critica también la jerarquía “humano/no humano” para desafiar, entre otros prejuicios, la soberbia occidental por la sabiduría ancestral de los pueblos antiguos surglobalistas. De hecho, la filósofa reconoce que el posthumanismo ético contemporáneo tiene una deuda con las cosmologías indígenas y las teorías ecofeministas, base para fundar un mundo restado de las ambiciones tecnocapitalistas de control y dominación del cuerpo-uno espiritual.
Para concluir, digamos que el “cuerpo-uno espiritual” nace de la re-comunión de las dos caras de una misma existencia: el cuerpo humano y el cuerpo natural. No se trata de borrar sus diferencias, sino de reconocer la infraestructura vital que los hermana y las relaciones de ecodependencia que los mantienen vivos. De esta re-comunión se desprende la “ética de la ecosostenibilidad”, proyecto vital que convoca ancestralidad y contemporaneidad, sabiduría espiritual y tecnociencia, para recalibrar nuestra manera de habitar la Tierra. Esta ética rechaza tanto el hiperantropocentrismo que convierte lo no humano en objeto de explotación como el hiperbiocentrismo que termina por desdibujar la especificidad humana. Entre ambos extremos, propone una ética del cuidar desgenerizada, de la reciprocidad y de la cohabitación, donde la Tierra deje de ser concebida como exterioridad y vuelva a reconocerse como parte constitutiva del cuerpo-uno espiritual. De este modo, la ecosostenibilidad deja de ser una simple estrategia ambiental para convertirse en una disposición ética ante la vida y en una vía de apertura hacia un futuro posthumanista.
Referencias bibliográficas
Alaimo, Stacy (2010). Bodily Natures: Science, Environment, and the Material Self. Bloomington : Indiana University Press.
Braidotti, Rosi (2019). Posthuman Knowledge. Cambridge: Polity.
Cabnal, Lorena (2010), “Acercamiento a la construcción de la propuesta de pensamiento epistémico de las mujeres indígenas feministas comunitarias de Abya Yala”, en Cabnal, Lorena y Asociación para la Cooperación con el Sur-Las Segovias (eds.). Feminismos diversos: el feminismo comunitario, España: Asociación para la Cooperación con el Sur -Las Segovias.
Fabry, Geneviève (2024). “Perspectiva ecofeminista y poesía del Cono Sur”. Monteagvdo, 29. 55-75.
Fokou-Ngouo, Arthur Freddy (2025), “Los Territorios del Cuerpo: Confabulan Ecologismo y Feminismo para un Futuro Posthumanista”, Anales de Literatura Hispanoamericana, 54, 153-160. https://doi.org/10.5209/alhi.108584.
Gade, Christian (2013). “The Historical Development of the Written Discourses on Ubuntu.” South African Journal of Philosophy, 30(3), 303-329. https://doi.org/10.4314/sajpem.v30i3.69578
Latour, Bruno (2007). Nunca fuimos modernos. Ensayo de antropología simétrica. Buenos Aires: Siglo XXI editores Argentina.
Merchant, Carolyn (1980). The Death of Nature: Women, Ecology, and the Scientific Revolution. San Francisco: Harper and Row.
Mies, María y Shiva, Vandana (1993). Ecofeminism. London: Zed.
Núñez-Puente, Carolina (2024). “Vandana Shiva: ecofeminista y pionera del posthumanismo ético”. Indialogs, 11, 121-129, doi.org/10.5565/rev/indialogs.277
Parentelli, Gladys (1996). “Latin America’s Poor Women. Inherent Guardians of Life”, in Rosemary Radford, Reuther (ed.). Women Healing Earth. Third World Womeen on Ecology, Feminism and Religion, New York: Orbis Book, 29-38.
Puleo, Alicia (2011). Ecofeminismo para otro mundo posible. Valencia: Ediciones Cátedra.
Shiva, Vandana (2006). Manifiesto para una Democracia de la Tierra. Justicia, sostenibilidad y paz. Barcelona: Paidos Ibérica.
Shiva, Vandana (1988). Staying Alive: Women, Ecology and Development. London: Zed.


