martes, 18 de marzo de 2025

Ensayo sobre el libro de cuentos "Hay exorcismos en Njofane" (LP5 Editora, 2025) de Vitorino Ubisse Oliveira

Ensayo sobre el libro de cuentos "Hay exorcismos en Njofane" de Vitorino Ubisse Oliveira.

Por Adelino Timóteo.

A mediados de 2022 visité I’bane. Me reencontré espontáneamente con Vitorino Ubisse Oliveira, ese beirense al que no veía desde 2014. Nos conocimos en 1986, cuando éramos estudiantes en la Samora Machel, en la misma ciudad. En esas circunstancias, supe que él era cuñado del señor Benhane, antiguo colega de mi madre en Pescom. Esto nos acercó aún más. Por las tardes, repasábamos juntos las materias y disfrutábamos de algún entretenimiento en Macurungo, donde él vivía, en la casa del buen señor Benhane.

Pasados algunos años de convivencia intensa, de idas al cine, cada uno siguió su vida. En el reencuentro en I’bane, Vitorino Ubisse Oliveira me reveló una sorpresa: estaba dedicado al oficio de escribir. No me sorprendí, pues como estudiante era un buen lector y tenía buen rendimiento en la asignatura de lengua portuguesa, impulsado por el hecho de que nuestros profesores comunes, Lázaro Armando Manuel (LAMA), Fanuel Juliasse, Elias António, Noé Machado y Sidumo, algunos de ellos grandes promotores de la lectura y de los recitales en la Casa de la Cultura de Beira, donde llegamos a asistir.

Sin embargo, Ubisse me envió una colección de cuentos pidiéndome que la prologara. El libro se abre con el cuento “Cólera”, seguido por “El triste destino de Sagugu”, “Nuna wa Sumbi”, “Magurudje”, “Lazo fatal”, “El cuartel de Gumbisse”, “Pastor Madoce”, y concluye con una narrativa que da título a la obra: “Hay exorcismos em Njofane”.

Leí la colección con vivo interés, muchas veces con una sonrisa en los labios, pues en ella predomina la Beira, territorio de su imaginario, como se desprende de sus premisas, donde el cólera se entrelaza con la tierra, cuestiones de salud pública radicadas en los antípodas, minimizadas, pero donde los profesores y funcionarios públicos no son inmunes, explorando la parte de los muzimus con los nhamessoros de Mambone.

La herramienta de este libro de Ubisse es el corazón de la memoria. Veamos, por ejemplo, la fuerte denuncia social presente en el primer cuento: “¡Eso ya fue ciudad!... El majestuoso ‘Gran Hotel’ es ahora el centro de convergencia de la porquería”. La misma denuncia incide en el “modus vivendi” actual, caracterizado por la emergencia de casas de culto por doquier, hasta el extremo de que los pastores de oración compiten por fieles, y alguno se ve tristemente solitario y obligado a cerrar la iglesia.

Esta obra también llama la atención por el deleite que el narrador hace con incidencia en Inhamudima, Chipangara, Muchatazina, Munhava, Xhimunanga – en Praia Nova, Mar Azul, BPD de Inhamudima, Palmeiras, Mercado do Goto, el Mercado Alfeu, escenario del contrabando alimentado por la tropa zimbabuense, que conoció una fase dorada de 1983 a 1990, en un mapeo que cruza varios lugares comunes y también personajes tipo y especímenes. En este libro, me reencuentro con el pastor Benhane, supuestamente inspirado en el nombre del cuñado, Mundhundhu, el Padre Amadeu, María Catanada, Pita Mathusse, un colega común de la Samora Machel."— La noche va cayendo, el movimiento aumenta. Los pies ya están en el suelo fangoso y Munhindo decidió despojarse de la solemnidad que lo caracteriza y ya es uno de los jefes de la fiesta que está muy animada. Va pagando sus cuentas, pero no quita los ojos de donde María Catanada y su grupo se encuentran".

Vitorino recrea el nombre de uno de los barrios emblemáticos y pintorescos de la ciudad de Beira: “Pita Mathusse vivía en un cuarto alquilado de un tren de seis apartamentos en el barrio suburbano de Inhamudima y trabajaba en la panadería del señor Thandavata en Muchatazina (Se cuenta que el nombre Muchatazina, que en ndau, lengua local, significa nombre feo, deriva de la dificultad de la población para pronunciar el nombre del único comerciante portugués de la zona, el señor Martins. En el intento de pronunciar Martins acababan diciendo ‘matindje’, término peyorativo y ofensivo para las mujeres en esa lengua), como se atestigua en el cuento ‘Cólera’”.

Si el libro evoca olores fétidos, encuentra su equilibrio con sabores a tierra, dada la proliferación, aquí y allá, de la gastronomía, con la que pretende inmortalizar los lugares de memoria: badjias, nipa, matocosse, Bombarril, bombwe. En el recorrido de revisión a Beira también está el lenguaje típico, que permite deducir que Ubisse, a pesar de escribir en tercera persona, nos disimula en una casi autobiografía, porque la Inhamudima a la que se refiere es también un espacio de su infancia, donde la comunicación se desarrolla notoriamente con el recurso al bilingüismo, ndau y txissua.

En esta colección de cuentos, el narrador explora otros horizontes, en un auténtico viaje por el país, vegetando y vagando errantemente, al sabor del txutxumelane, por Xibalo, en la Aldeia de Gumbisse, en Inhassoro, transformándose de la noche a la mañana en un campo militar, donde en un clima pacífico se convive y luego se cometen tropelías, como el militar que maltrata al hijo de una eminencia, como en el episodio siguiente que deriva en una tragedia. El narrador también cruza el Barrio Militar, en Maputo, describiendo la recurrente historia de amores contrariados, de Zezito y la hermosa y esbelta Belinha. ¿Será que se van a casar, como desean? Compete al lector desentrañar cómo el Barrio Militar lo resolverá.

En uno de los cuentos más emblemáticos de este libro llegamos a Chalambe, a Mafalala del barrio más populoso de la “tierra de buena gente”, una especie de “distrito rojo” para los colonos. Es impresionante el entendimiento que el Pastor Madoce alcanza con las vendedoras de malcuado, así como la influencia positiva que ejerce sobre los zurumbáticos que reúne, hasta que termina en adulterio. Chalambe es parte de un microcosmos con realidades que se diseminan por todo el país, la proliferación de iglesias y la tiranía de los diezmos, como mencioné antes en el cuento “Cólera”, y que se repite en el diezmo, práctica igualmente reflejada en “Hay exorcismos en Njofane”, que cierra este viaje errante con idas y venidas por Beira.

Tratándose de un libro inicial, el narrador se preocupó por mapear los lugares de memoria, pudiendo asumirse que estamos ante un potencial contador de historias, con calidad razonable, pero que indica la estructura para ir afirmándose como un escritor de mérito en los próximos desafíos.

Aprovecho esta oportunidad para felicitarlo.

Adelino Timóteo.





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